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Consejos para Mudanzas con Niños

Toda mudanza implica cierto grado de estrés. Los cambios en la rutina y en el estilo de vida, pueden afectar negativamente a los niños, produciéndoles miedo y ansiedad si no están bien preparados. Según los expertos en la materia, ante una mudanza los niños pueden volverse fácilmente irritables, lo que puede indicar signos de depresión. Si bien la mudanza, puede ser un acontecimiento cargado de ansiedad para los niños, gran parte de esa carga emocional negativa puede ser aliviada por los padres, si somos conscientes de los riesgos y manejamos la situación de una manera positiva. La idea es tratar de convertir la mudanza en una situación de cambio favorable, y así bajar el nivel de ansiedad de los niños al mínimo posible.

Los motivos por los cuales uno se muda van a influir mucho en el nivel de estrés. Si el objetivo de la mudanza es pasarse a una casa más grande o a un barrio mejor, el trámite será emocionalmente mucho menos complejo que si hay que mudarse por motivos financieros o por el fallecimiento de un familiar. Otro factor que impacta fuerte en los niveles de estrés es el rango de edad de los chicos. Según estudios psicológicos, los niños más pequeños o bien los ya más crecidos pueden lidiar mejor con los efectos de una mudanza. Mientras que a los chicos de entre 11 y 14 años parece afectarlos más, en gran parte debido a los cambios hormonales que atraviesa su organismo a esa edad.

En este aspecto la comunicación es clave. Es importante que los padres les cuenten a sus hijos de la mudanza lo antes posible, ojalá que los niños tengan tiempo para procesar esta idea. Los niños van a desarrollar niveles de ansiedad más altos si sienten que hay algo que está pasando y no saben bien qué es  y porque se lo están ocultando.

Potenciar el lado positivo

Los padres deben enfocarse en destacar las cualidades positivas del nuevo lugar. A veces los chicos piensan que mudarse implica dejar atrás sus cosas favoritas, así que es importante asegurarles que sus juguetes y sus mascotas van a mudarse con todos a la nueva casa. Será importante, enfocarse en las cosas que no van a cambiar. Muchas veces los chicos se sienten más seguros cuando tienen una rutina que seguir y ésta se mantiene más allá de las circunstancias. Los padres pueden enfatizar los aspectos que no van a cambiar durante y después de la mudanza, como los horarios de juego, de irse a dormir, o simplemente el hecho de que van a seguir teniendo una familia que los quiere mucho y eso no va cambiar por nada del mundo.

Hay que permitirles a los niños que puedan tener su despedida. Ésta no solo incluye a sus vecinos, compañeritos, amigos, sino también a sus lugares favoritos como puede ser una plaza o un parque. Hay que dejarles claro a los niños que despedirse no significa que nunca más los van a volver a ver, sino que más adelante van a poder visitarlos.

En el día de la mudanza es preferible que los niños no vean al camión de la mudanza. Ese día conseguir que pueda estar en la casa de un amigo o un pariente. El ver las cosas cargándose en un camión puede resultar perturbador para algunos niños.

Cuando se llega a la nueva casa, la pieza de los niños debe ser prioridad. Dejar la pieza lista con sus muebles y pertenencias, le permitirá establecer un área de la casa que para ellos va a ser segura y familiar.

Va a llevar tiempo adaptarse y aclimatarse a los nuevos ambientes que los rodean. Acompañar a los chicos a explorar, tanto la casa nueva como el nuevo barrio. Salir a dar una vuelta con ellos en busca de lugares de interés: una plaza, una heladería, la escuela.

Lo más rápido posible hay que empezar a relacionarse con los nuevos vecinos. Saludar, hacernos conocidos, que sepan que somos los nuevos vecinos del barrio. Cuanto antes podamos insertarnos dentro de la comunidad, más a gusto nos vamos a sentir todos los miembros de la familia.

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